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distancia cota más alta cota más baja
13,7 km 1292 m 1027 m
desnivel ascenso descenso
265 m 717 m 716 m




 
 
 

Las llamadas Alpujarras riojanas forman parte del  Camero Viejo, ocupando la zona alta del valle del Jubera. En nuestro paseo veremos bastantes robles rebollos, a veces agrupados en bosquetes, que son el fruto de un proceso de rebrote que se inició cuando la trashumancia decayó y también destaca, junto a cada pueblo, la dehesa boyal, bosque amurallado y prohibido al ganado trashumante, ya que se reservaba para los animales de labor indispensables para la agricultura, actividad que complementaba a la ganadera.

El “crack” que sufrió el sistema trashumante hizo que se pusiera en práctica una economía de subsistencia, que consistía en roturar y mantener con fuego los antiguos pastizales, utilizados ahora para cultivos en ladera de cereales adecuados al clima como el centeno. Se mantuvieron las dehesas y no solo para los bueyes, sino también para su aprovechamiento al trasmocho, con el fin de obtener la necesaria leña. Hasta mediados de los años 60 del siglo pasado, esta era la vida en las Alpujarras, dura, sin duda, pero integrada en su medio. En esas fechas los pueblos se quedaron sin gente lo que supuso el fin definitivo de la vida en todos los núcleos de este territorio.

Santa Marina resistió y fue el único pueblo que nunca estuvo del todo en completa soledad. La estepa, el matorral que más resiste el uso continuado del fuego, rebrotando una y otra vez de raíz, se adueñó, con el abandono de sus habitantes, de los campos y pastizales. Tuvieron que pasar más de treinta años para que en los noventa, los hijos de los que se fueron comenzaran a retornar y con ellos, poco a poco rebrotaron los rebollos que veremos en el paseo y, si sabemos “mirar”, podremos sentir la presencia de la vida que hasta no hace demasiado bullía en las calles ahora vacías de pueblos como el totalmente en ruinas de Reinares. 

Nuestro recorrido sigue senderos por rebollares que desde Santa Marina suben al monte San Juan, privilegiada atalaya del Camero Viejo. Desde aquí descendemos, entre estepas, hasta la emblemática hondonada que cruza el arroyo Bahún, donde se sitúa la ermita de San Juan de Agriones, lugar de peregrinación de los pueblos del contorno que se juntaban, todos los años, para reafirmar la “Concordia de los pastos”.

Un par de subidas por pistas forestales nos llevan al antiguo camino de Bucesta, aldea con alguna casa arreglada, donde la teja árabe se refuerza con las típicas lajas de las Alpujarras. En la parte baja del despoblado cruzamos el barranco de Santa Engracia y seguimos la pista con atención hasta dar con la entrada al antiguo camino de Reinares. Su perfecto trazado nos guía a las ruinas de este pueblo abandonado, cuyos grandes edificios de piedra impresionan. Tras cruzar, en la parte baja, un empedrado puente medieval, comenzamos el ascenso por una senda que en algún tramo casi desaparece.

No obstante, la subida no tiene pérdida ya que seguimos el cauce, casi siempre seco, del arroyo del Hayedo Frío. Este topónimo no se corresponde en nada con la realidad actual, pues no queda en todo el barranco ni una sola haya. Un abrevadero nos indica que hemos finalizado la subida y el camino llano de la planicie de Santa Marina nos devuelve al punto de partida. Este pueblo, además de ser el más alto de La Rioja, es, sin duda, el más singular y merece un rato para recorrer sus calles antes de terminar la visita a estas tierras que nos dejarán huella.

 
 

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