Acceso Alumnado

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distancia cota más alta cota más baja
13,3 km 1468 m 1078 m
desnivel ascenso descenso
390 m 595 m 588 m




 
 
 

Este paseo nos acerca al pasado trashumante de nuestra sierra, recorriendo parajes ligados a ese tiempo histórico en que miles de ovejas merinas ocupaban los extensos pastizales de verano que cubrían, por aquel entonces, los Cameros. Desde Muro en Cameros ascendemos por una pista forestal cuyo duro repecho nos permite llegar hasta la dehesa tras cruzar el arroyo de Muro. La dehesa de Muro está formada por añejos robles rebollos que dejan entre ellos espacio al pasto.

Se trata de un bosque en cuya formación actual tuvo el hombre un papel importante. En tiempos trashumantes este arbolado conservaba en verano el pasto fresco por la sombra, necesario para alimentar el ganado de tiro que se utilizaba para las necesarias labores agrícolas, mientras los rebaños trashumantes tenían prohibida la entrada a la dehesa. Además, del bosque se extraía la leña para los hogares, podando los árboles con la técnica del trasmocho, cortar las ramas y no el árbol, para poder dar la vuelta al bosque regresando al rodal podado tras permitir su recuperación. De esta forma, se explotaba un recurso natural renovable y, si se hacía bien, se hacía siempre de forma sostenible, utilizando el rendimiento y manteniendo el capital. Estas dehesas, que abundan en la sierra camerana, son un autentico lujo que debemos conservar.

Avanzamos por la bella dehesa y cruzamos un hayedo que nos acompaña en la subida final hasta el área recreativa de El Terruelo. Enseguida llegamos a las cercanías de la carretera y nos ubicamos en la Cañada Real Soriana Oriental que recorre el cordal que limita los ríos Leza e Iregua. Una vez más el pasado trashumante nos acompaña en nuestro camino. Así que tomamos la cañada y avanzamos entre hayas hasta adentrarnos en una repoblación de pinos silvestres, donde el camino casi se cierra. Ascendemos hasta un alto. Una vez allí arriba, descendemos otra vez por el hayedo que enseguida da paso a los robles y volvemos a subir hasta el Alto de La Rasa, de una altura de 1454 metros. Este es el punto más alto de nuestro recorrido y ahora nos toca bajar hasta el cruce del Prado de Admuel, donde giramos a la izquierda hasta dar con una portilla. La cruzamos y, acto seguido, abandonamos la pista por un sendero poco marcado que nos conduce a la pequeña charca del Pozo Argayo. Por detrás de la pequeña laguna encontramos un camino que discurre por la ladera sin apenas desnivel desde donde podemos disfrutar de amplias vistas del Camero Viejo y del pueblo de Muro.

Entre robles y hayas cruzamos un antiguo quemado y nos desviamos del camino para visitar un conjunto de enormes robles, que alcanzaron su gran longevidad junto a la casa del bosque. De todos ellos destaca un ejemplar poseedor de tres enormes brazos que se abren espectacularmente casi tocando el suelo. Tras gozar con la presencia de esta maravillosa joya natural, volvemos al camino y seguimos por él hasta efectuar un fuerte giro. Entonces, cogemos un sendero que sube hasta una edificación, reliquia de la antigua tejera de Muro. Por detrás de la ruina tomamos otra senda paralela a un barranco y bajamos hasta dar con la pista que nos subió de Muro y por la que descendemos ahora para regresar al pueblo. De esta forma, terminamos nuestra visita a una de las hermosas dehesas cameranas.

 
 

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