Acceso Alumnado

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distancia cota más alta cota más baja
11,8 km 1253 m 860 m
desnivel ascenso descenso
393 m 621 m 625 m




 
 
 

Desde Pradillo tomamos la Vía Romana hasta el puente medieval por el que cruzamos el río Iregua. Nada más atravesarlo dejamos la Vía Romana que gira a la izquierda. Seguimos recto por un camino que asciende rápidamente hasta tomar un sendero que, tras un giro a la derecha, sube en un trazado excavado en las rocas. Teniendo bajo nuestros ojos una panorámica del pueblo y el valle, realizamos un zigzag y, en un duro ascenso, nos adentramos en una dehesa de roble.

Por sendas de ganado subimos por la empinada ladera hacia la derecha, hasta encontrar el vallado del límite con Gallinero y, paralelos a él, ascendemos hacia la Cruz. Sin duda, las excelentes vistas desde este oteadero recompensan el esfuerzo realizado. Tras recuperar fuerzas, avanzamos por un sendero que sigue subiendo, con más suavidad ahora, siempre al lado del vallado. Los matorrales y los robles nos acompañan y, a veces, nos dificultan el paso. Buscamos un punto en el que la valla nos deja pasar al otro lado, a una zona donde el robledal se aclara. La subida nos guía a una pista que recorre la llanada de Peñabilanos, amplia superficie que en tiempos pasados permitía la presencia de extensos campos de cultivo. Las panorámicas desde esta meseta son impresionantes. A la derecha destaca el Monte Horquín y en su ladera, el prado de Libarache; a la izquierda tenemos las cumbres del Serradero, la planicie de Los Gamellones, el Muélago y el Agenzana por encima de El Rasillo; y, hacia atrás, la Sierra de Cebollera y El Cabezo del Santo.

La pista desciende y gira a la izquierda, con Nestares a la vista, hasta llegar a un cruce. Giramos a la derecha y nos aproximamos a una portilla que marca el límite con Pinillos. La cruzamos y nos internamos en un encinar. Al poco tiempo llegamos a la cerca de piedra que rodeaba la dehesa, la pasamos y comenzamos a disfrutar en nuestro paseo de los grandes robles que la pueblan. Entre ellos destaca uno incluido en el Catálogo de Árboles Singulares de La Rioja, que encontramos en el borde de un barranco poblado de hayas. Tras esta visita seguimos bajando por la senda señalizada hasta que vemos el pueblo y, sin llegar al barranco, damos con un camino que tomamos a la izquierda. Esta senda, muy pisoteada por el ganado, nos lleva a zonas de antiguos cultivos y, si los rodeamos, podemos contemplar numerosos bosquetes de arces de Montpelier, que en otoño se colorean de forma increíble de rojo caldera.

En un cruce cogemos un camino que se interna entre el boj y que llega hasta el sendero de la Vía Romana, a la altura del mirador de Peñas Malas. Giramos a la izquierda y por este paraje alcanzamos un camino que sube por el escarpe sobre el río Iregua, protegido por un vallado. Las señales que encontremos nos guían entre robles quejigos, salpicados por algún que otro coloreado arce. La ribera del río también se nos aparece bordeada de chopos teñidos de dorado en otoño. Todos estos agradables colores nos acompañan en nuestra marcha hasta que el bosque va cediendo a los antiguos campos de cultivo y el camino llega nuevamente al puente medieval, que cruzamos para subir hasta Pradillo.

 
 

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