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distancia cota más alta cota más baja
13,8 km 1441 m 873 m
desnivel ascenso descenso
568 m 652 m 753 m




 
 
 

La situación y altura de Peña Isasa hacen de la cima de este monte uno de los mejores oteaderos de La Rioja Baja. La subida es suave y constante hasta el último kilómetro, donde la senda de la rampa de La Cabezuela nos exigirá un buen esfuerzo. Vale la pena intentarlo ya que alcanzar la cumbre nos gratificará con unas impresionantes y bellas panorámicas. El paseo lo iniciamos desde la segunda curva de la carretera de Muro de Aguas. En ese lugar tomamos una pista que asciende con suavidad por las laderas deforestadas que descienden hacia el pueblo de la “Fuente de los dieciséis caños”. Todo el recorrido vamos a caminar sobre rocas calizas y precisamente en el acuífero que se forma bajo ellas está el origen de esa fuente de permanente caudal. En el camino encontramos algunas carrascas que salpican el terreno y enseguida nos situamos en la línea cumbrera del monte. Desde la divisoria de aguas nos asomamos para contemplar el valle limitado por las laderas del Gatún. Entre los pinos repoblados destacan los resaltes de conglomerados que dan lugar al nombre de este monte: “Los Caballos”. Seguimos subiendo y podemos ver asomar a nuestra izquierda el núcleo urbano de Muro de Aguas. Además, en la dirección que seguimos, contemplamos las peñas que forman la cima que pretendemos alcanzar. Poco a poco entramos en un carrascal y, junto al camino, hallamos un curioso matorral: el erizón o “cojín de monja”, indicador tanto de la naturaleza caliza del suelo como de lo curioso (y chusco) que a veces son los nombres que se ponen a las plantas. Se recomienda no tocar o hacerlo con mucho cuidado.

En nuestro recorrido podemos disfrutar de unas vistas generosas sobre el valle del Cidacos y Arnedo, de la gran mole del Moncayo, y hasta del pueblo “perdido” de Turruncún. A una distancia aproximada de unos 4 kilómetros, la pista llega a un pinar de repoblación en la umbría del Navalillo. Al salir de este arbolado, dejamos la pista y giramos a la derecha por unas rodadas hasta una senda bien marcada que nos acerca a la subida de La Cabezuela. Es en estos últimos 2 kilómetros donde tenemos que ascender más de 200 metros hasta coronar los 1472 metros de la cumbre. Con calma y esfuerzo llegamos a La Cabezuela y por una pista avanzamos hasta una pequeña campa. En este lugar una senda entre las rocas nos guía a nuestro destino: Peña Isasa. Las vistas en todas las direcciones resultan espectaculares. En el horizonte sobresalen Peñalmonte, las Peñas de Arnedillo, la Sierra de La Hez, y, si tenemos la suerte de disfrutar de un día despejado, podemos distinguir hasta los Pirineos.

El descenso lo hacemos por las pistas forestales de la umbría. Entre pinos, bajo los agrestes roquedos que hacen posible que nidifiquen los buitres, caminamos hasta un desvío. Tomamos aquí un camino que baja hasta otra pista. Estamos sobre las ruinas del pueblo de Turruncúm y caminamos hasta una explanada junto a la carretera de Arnedo, donde terminamos el paseo.

 
 

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